viernes, 25 de febrero de 2011

IIII ó IV

Carlos V (1338-1380) de Francia, conocido como el Sabio, siempre quería tener razón y pretendía saber cosas que ignoraba. En 1370, el relojero Henri de Vick fabricó un reloj para el rey, y cuando le mostró su obra, el rey la examinó cuidadosamente y vio que el mecanismo era perfecto. Sin embargo, deseoso de encontrar un defecto, como era su costumbre, se quejó de un error en los números de la esfera, diciendo que en lugar de IV debía escribirse IIII.

-Su Majestad se equivoca -le dijo el relojero.

El rey le replicó:

-Yo no me equivoco nunca, llévate el reloj y tráelo cuando hayas corregido el error.

El relojero Henri de Vick realizó el cambio, y el rey, satisfecho, aceptó el reloj. Así comenzó la costumbre del IIII en los relojes. Hoy en día se hacen esferas de relojes poniendo, indistintamente, IIII, IV ó 4.


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